¡Ya Basta de Explotación!

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La industria de trabajo de limpieza y cuidado del hogar en Chicago, al igual que muchas otras ciudades, emplea una gran cantidad de inmigrantes de diferentes países. Muchas de las personas empleadas son mujeres, y una gran cantidad son indocumentadas. Sin embargo, la perspectiva de estas trabajadoras no es frecuentemente presentada en publicaciones tradicionales. Mi interés inicial por este tema surgió hace varios años como resultado de un trabajo de investigación en el que realicé entrevistas con mujeres inmigrantes sobrevivientes de violencia por parte de sus parejas. Muchas de las mujeres hablaron de sus experiencias de abuso laboral en el campo del trabajo de limpieza en comparación a la violencia que vivían con sus parejas. Ellas explicaron que las dos situaciones para ellas no eran muy distintas.

 

Este artículo se basa en conversaciones que tuve con las integrantes de la cooperativa de trabajo de limpieza “Cleaning Power” y del sindicato UNITE HERE—mujeres que trabajan en la industria de trabajo de limpieza y son activistas. Ellas me contaron sobre las difíciles condiciones de trabajo en la industria y sobre las acciones que están tomando para combatir la situación y crear condiciones de trabajo más justas. En este artículo uso seudónimos para proteger la identidad de las mujeres que compartieron su historia conmigo y no uso los nombres de las agencias para prevenir el riesgo de represalias a empleadas actuales.

 

Varias de las mujeres que entrevisté han trabajado para agencias de limpieza en algún momento. Así es que conocen de primera mano las condiciones generales en esta industria. Ellas coincidieron en que en estas agencias se trabajan largas horas y no se recibe un salario justo. Por ejemplo, una de las integrantes de “Cleaning Power,” contó: “el año pasado yo trabajé limpiando casas con una compañía, trabajaba de siete a siete y limpiaba siete casas por día.” Además, no le daban descanso—comían en el carro mientras se trasladaban de casa a casa. A ella le pagaban doscientos treinta dólares por cuatro días de trabajo (lo que es alrededor de cuatro setentainueve por hora). María, quien trabajó para una agencia de limpieza de nivel nacional que es subcontratada por hoteles y oficinas, explicó que trabajaba siete días a la semana. Ella, quien es hoy día parte de UNITE HERE, abundó en el esquema de explotación de este tipo de agencias. María calcula que en la agencia hacía el trabajo correspondiente a dos o tres personas. De acuerdo con ella, la agencia requería que se limpiaran veintiún cuartos al día, mientras las empleadas directas del hotel limpian alrededor de trece cuartos al día. Además, María relató: “el hotel le pagaba a la compañía por treinta empleados y la compañía llevaba doce empleados a limpiar al hotel.” María explicó que luego la agencia recibía del hotel lo que los trabajadores llamaban cheques fantasmas—cheques a nombre de personas que no habían trabajado—y así se apoderaba de una gran ganancia. Otra preocupación de las trabajadoras es el riesgo a la salud. María contó que en la agencia que trabajó se utilizaba amonio puro pero no se les explicaba nada sobre el químico. Tampoco le daban guantes u otro tipo de protección. El amonio puede ser irritante para la piel, ojos y sistema respiratorio si no se utiliza en la concentración adecuada y la exposición al químico por largo tiempo puede tener efectos duraderos a la salud de estos órganos. Además, si se mezcla con cloro es extremadamente tóxico.

 

Además de explotación económica y física, las mujeres hablaron sobre la vulnerabilidad al maltrato verbal y acoso sexual de supervisores. La agencia para la que María trabajó acostumbra tener una persona que supervisa cada grupo de limpieza. De acuerdo con María, la agencia usualmente contrata a un hombre inmigrante para dirigir a un grupo de mujeres inmigrantes. Para María esta es una técnica que la agencia utiliza intencionalmente para beneficiarse de la dominación del hombre. María vivió y fue testigo de humillaciones, gritos y amenazas constantes de despido. Además, María describió que se vivía un gran acoso sexual. Por ejemplo, el supervisor hacía proposiciones sexuales a algunas empleadas y amenazaba con despedirlas si no cedían. También trató de tocar y besar a algunas de las trabajadoras. Asimismo, este supervisor tomó fotos de algunas trabajadoras para utilizarlas como chantaje. En resumen, María opinó que en esta industria “las mujeres tenemos el doble látigo.” Lo que es decir las trabajadoras sufren de opresión y explotación económica y de género.

 

Como respuesta a este ambiente de abuso y explotación, las trabajadoras entrevistadas ven como estrategia principal la acción colectiva. Para María esto significó conseguir un trabajo donde pudiese pertenecer a un sindicato. Ella opina que los sindicatos no lo resuelven todo, pero sin duda al pertenecer a uno se gana mucho poder ante el empleador. María ve el contrato colectivo como una gran herramienta de defensa ante los abusos laborales. Como ejemplo de esto, María narró como en el hotel en el que trabaja un grupo de empleadas utilizó el contrato para ejercer presión cuando no le daban los detergentes debidamente etiquetados—lo cual no les permitía conocer los químicos a que estaban expuestas. Las trabajadoras pararon de trabajar y citaron como justificación la sección del contrato que dice que no tienen que trabajar si no les proveen los materiales necesarios. Luego de varios días el hotel les dio detergentes debidamente embotellados y etiquetados.

 

Otra respuesta colectiva surgió de un grupo de mujeres originarias de América Latina quienes fundaron la cooperativa de trabajadoras de limpieza “Cleaning Power” con el apoyo de la organización “Mexico Solidarity Network.” Según sus integrantes, “Cleaning Power” surgió para buscar trabajo sin intermediarios, ser sus própias jefas y defender sus derechos. Por ahora la cooperativa es un instrumento para distribuir los trabajos que reciben de manera equitativa, negociar condiciones de trabajo justas y protegerse de abusos. Por ejemplo, para protegerse de posibles abusos envían dos personas cuando trabajan en una casa por primera vez. Además, las trabajadoras sienten que los empleadores las tratan con respeto porque comprenden que son parte de una cooperativa y que tienen apoyo. En el futuro “Cleaning Power” espera poder invertir más en su desarrollo estructural como cooperativa. Para poder crecer como cooperativa, uno de sus retos es poder conseguir más trabajo consistentemente. Nelly, una integrante de la cooperativa, explicó que la gente se siente “más confiadas con las agencias de limpieza porque sienten que van a responder si algo pasa”. Para contrarrestar esa desconfianza, las integrantes de “Cleaning Power” han creado tarjetas de presentación, panfletos informativos y han hecho presentaciones en organizaciones. Aunque confiesan su decepción porque no muchas organizaciones les han abierto las puertas, dicen que la idea es luchar y no darse por vencidas. De acuerdo con “Cleaning Power”, el mensaje es “¡Ya basta de explotación, somos seres humanos!”

 

El desarrollo de empleos cooperativos autónomos y la negociación a través de contratos colectivos son una muestra de la manera en que las trabajadoras (y trabajadores) inmigrantes en Chicago se están organizando para defender sus derechos y mejorar sus condiciones de trabajo. En adición, hay varias cooperativas de costura y negocios con base cooperativa, entre otros. Además, hay más organizaciones trabajando en el campo del trabajo de limpieza y del hogar. Por ejemplo, la colectiva Tejiendo Sueños es una organización a través de la cual trabajadoras del hogar se están organizando autónomamente para mejorar sus condiciones de trabajo. Tejiendo Sueños y “Cleaning Power” se apoyan y trabajan en solidaridad. Así es que ante la vulnerabilidad al abuso y la explotación laboral que viven, las trabajadoras y trabajadores inmigrantes dicen Ya Basta a través de la organización, solidaridad y acción colectiva. ◊

 

 

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